Una vida de aventura y auto-descubrimiento

 

 Podrías decirles que soy fotógrafo, arquitecto de profesión, artista 3D, un ávido contador de historias, pero en el corazón, soy ante todo un simple viajero pasando por la vida; un nómada, un aventurero deambulando por el mundo en busca de comprender la vida y la existencia, tratando de encontrarle sentido a todo. Sediento de aprendizaje, he pasado una buena parte de los últimos 22 años de mi vida, dedicado al arte de viajar. A pesar de que puedo haber nacido en Argentina, y ahí es donde están mis raíces, ahora soy claramente un ciudadano hecho de pedacitos de miles de otros lugares diferentes.

He viajado en 88 países y cientos, si no miles de ciudades, pueblos y aldeas. Cada uno de ellos ha dejado algo en mí que, de una forma u otra, ha contribuido a dar forma a la persona que soy hoy. Esto sigue siendo un proceso en marcha a medida que continúo moviéndome por el mundo para seguir aprendiendo, evolucionando, transformándome e incorporando nuevos aspectos que aprendo en el camino.

A través de la propia experiencia he llegado a darme cuenta de lo que algunos sólo pueden leer en los libros y asumir como real, mientras que otros pueden optar por ignorarlo por completo, y es que, en esencia, no importa cuán diferentes sean nuestras culturas y qué tan alejadas puedan parecer a primera vista, bajo la superficie, somos todos iguales. Todos buscamos las mismas necesidades básicas. Todos compartimos los mismos instintos, todos reímos y lloramos, sonreímos y miramos mal, nos enamoramos y desenamoramos. Sin embargo, lo sorprendente es descubrir cuán esencialmente similares somos a la hora de crear cualquiera de estas emociones y reaccionar ante ellas. En definitiva, lo que todos buscamos es la felicidad.

He utilizado todos los medios de transporte para atravesar este mundo y todos me han ofrecido diferentes visiones sobre cómo es el mismo. He caminado, andado, montado, conducido, volado o hecho auto-stop. He tomado autobuses, camiones, trenes, aviones, rickshaws, motos, transbordadores, ferrys, barcos, canoas, burros, caballos, elefantes y camellos. Pero durante los últimos 11 años he elegido una bicicleta como mi medio favorito personal de transporte independiente.

 

He pedaleado 87,000 km (49,710 millas) hasta ahora, y debido a la naturaleza de viajar en bicicleta, he podido relacionarme íntimamente con los lugares y los pueblos que visito. Esto significa pasar la mayor parte del tiempo en la naturaleza y/o con la gente local, creando y construyendo relaciones que son verdaderamente únicas y tienen el poder de cambiar la forma en que piensas y en última instancia, quién eres. Cada uno de ellos me ha animado a impulsar mi deseo de aprender aún más, visitando desde metrópolis cosmopolitas y sofisticadas, hasta los rincones más remotos, abandonados y más ásperos de este planeta.

Estoy allí afuera para enfrentar todo, tanto para fascinarme como para frustrarme. Estoy allí afuera para relacionarme con personas que a veces son tan radicalmente diferentes a como me criaron que cuanto más me involucro con ellas, más aprendo a ver el mundo desde una perspectiva diferente. Esto mantiene mi corazón y mi mente frescos, abiertos y vivos. Me ayuda a encontrar mi propio camino y enriquecer mi vida. Es en esa intimidad que se construye a través de la conexión empática con otros seres humanos donde mi espíritu florece.

  Mis fotografías y mis historias son una consecuencia directa de mi experiencia. Vivo las historias que cuento y las fotografío. A través de ellas, busco retratar la condición humana, la gente y el ambiente en el que viven, de la manera más digna, porque detrás de cada persona en este mundo hay una dignidad subyacente, hay humanidad, hay algo dentro de cada uno de ellos que los vincula intrínsecamente a mí y me vincula a mí con ellos.
Mi viaje se trata ante todo, de capturar el alma de la tierra.