BF - Burkina Faso - o bien - Burocracia Fenomenal -

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Es media mañana, el sol está alto ya y el calor aprieta. Estoy contento porque estoy por cruzar a un país al que por tanto tiempo esperé llegar. Burkina Faso. Es uno de esos países (como lo fueron Kirguistán, Gabón y otros en el pasado) a los que, con total honestidad, siempre quise ir mayormente por la mismísima curiosidad y hasta gracia que me generaba su nombre. Más allá de eso, y mucho más relevante aún, Burkina Faso marcaba el punto de entrada perfecto para mí para explorar el Sahel e ir en busca de los Fulani, el grupo étnico ancestral que habita esta inhóspita región del mundo a lo ancho de África, desde el inicio de los tiempos.

Siendo Togo, un país tan pequeño, poco poblado y poco conocido, me llama la atención la cantidad de tráfico que hay en esta frontera. Voy despreocupado y lleno de entusiasmo, pedaleando entre largas filas de camiones detenidos y gente por doquier. Sin embargo, a decir verdad, voy un poco inquieto porque no tengo visa. A pesar de que llego con información confiable de que Burkina Faso comenzó a emitir visas en sus fronteras hace poco, ya llevo suficiente tiempo en África como para saber que todo puede pasar. Efectivamente, así sería.

Cuando llego al precario puesto de inmigración me encuentro con tres grandes sopresas. Una buena, una mala y otra un dolor de huevo. La buena es que luego de extenderle mi pasaporte al oficial de migraciones y decirle que necesito hacer el visado, muy diligente él, me responde que no hay ningún problema. Inmediatamente, la paz se apodera de mi cuerpo, y con alivio lleno el formulario hasta el momento en el que me interrumpe para decirme:

-“Bien Monsieur , Son 94.000 CFA ( ~160 USD!!!!!). “

La sorpresa me abruma de tal manera que abro tanto los ojos que casi se me caen de la cara.

-¿¿¿QUE??? ¿¿¿ 94.000 CFA???? - le respondo intentando no gritar - pero si tengo entendido que esta visa sale 15.000 CFA!!! ( ~25 USD) - exclamo.

- Oui Monsieur pero eso es en los consulados, no aquí en la frontera - y procede a mostrarme las lista oficial de precios.

Efectivamente, la visa cuesta eso. Es oficial. Pondero mis opciones pero realmente no tengo muchas. Por empezar ya salí de Togo y mi visa togolesa de una entrada caducó una vez que me sellaron el pasaporte a la salid. Si decido volver tendría que pagar por una nueva visa de 40 USD. Por otra parte, la embajada burkinesa más cercana está en Lomé, la capital, 500 km al sur. Eso implicaría retroceder con la bici en un autobús, viajar un día entero de ida, alojarme en Lomé, iniciar el trámite, pagar, esperar la emisión, volver a la frontera en otro autobús y como estamos en África, seguramente un montón de eventos más que no podría predecir en mi estimación. Si bien aun haciendo todo eso, me saldría más barato que 160 USD, no tengo ganas de pasarme una semana o más para semejante movida. Decido tragarme la bomba y con todo el dolor del mundo desenbolsar 94.000 CFA uno por uno, dinero con el que creo que me puedo comprar 10 casas en este pueblo fronterizo de Burkina Faso.

Una vez que pago trato de no pensar más en ello, pero si tan solo las historia acabara allí, pero no. El oficial tenía más noticias guardadas en su boletín. Mientras aún estoy intentando procesar el costo de esta visa con la sensación de estar masticando vidrio, me devuelve el pasaporte y agrega:

-Muy bien, aquí tiene Monsieur . Ahora tiene 7 días para presentarse en la oficina de inmigración de Ouagadougou para obtener la visa final - Me dice con toda tranquilidad

- ¿¿¿¿La qué????? ¿ 7 días? ¡¡¡pero si tengo pensado ir en dirección hacia Niger/Mali y llegar a Ouagadougou en 25 días!!! - Le digo tratando nuevamente de que los ojos no se me caigan de la cara.

-Ah no Monsieur, este es un sello de visa temporal válida por 7 días. Su visa final válida por 90 días se emite en Ouagadougou. No hay otra forma.

Respiro hondo. Ahora mientras mastico vidrio siento que necesito de un trago de amoníaco para poder pasarlo por mi tráquea. Voy a necesitar reconfigurar todo mi bendito plan. Sinceramente, yo ya no sé ni siquiera por qué me veo tan sorprendido, si es que la burocracia africana por momentos parece ser un viaje alucinógeno. Y este último, uno caro encima!

Cuando salgo de la frontera, intentando con todo mi esfuerzo superar la digestión de vidrios con amoniaco en el estómago, me encuentro detenido en un cruce de calles de tierra naranja en el bullicioso centro del pueblo semi-desértico de Sangha. Delante mío, el tráfico consiste en carros tirados por burros, bicicletas prehistóricas, algunas motos ruidosas y gente de muchas etnias distintas yendo y viniendo. Caminando con la bicicleta bajo el sol caliente del mediodía, busco un lugar con generador eléctrico para ver si consigo una bebida fría. Al andar me tropiezo con una caja de cartón que dice: TERMIDOR!!! (famoso vino popular argentino de bajo costo). ¿TERMIDOR? …. lo pienso, lo proceso…¿ TERMIDOOOR??? No puede ser, ahora sí, realmente estoy alucinando. No puedo estar viendo un cartón de Termidor en Burkina Faso. Si esto no es globalización, entonces qué es.

Así es mi entrada al país que tanto había soñado llegar: Burkina Faso, o bien “Burocracia Fenomenal”. Supongo que esas son las grandes sorpresas que traen aquellas cosas que más nos intrigan, y eso es lo que las hace tan únicas y especiales. Estas cosas no pasan en la frontera entre Suiza y Austria o entre Noruega y Suecia, donde todo es predecible y fríamente precalculado. Es por eso que gran parte de la magia de la aventura está justamente en la mismísima imposibilidad de predecir los eventos e ir avanzando espontáneamente a medida que se suceden uno tras otro. Si bien a veces son eventos frustrantes, le aportan a nuestra vida desafíos tanto físicos como psicológicos que son necesarios para crecer. Por eso decido terminar de digerir mis vidrios con amoniaco y disfrutar, porque al fin y al cabo, todo esto, es parte de una gran aventura que estoy eligiendo para mí.